Detrás de cada edición, el trabajo y el sentimiento de quienes hacen posible la Fiesta

Detrás de cada edición, el trabajo y el sentimiento de quienes hacen posible la Fiesta

  • 14 septiembre, 2026
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La Fiesta Nacional del Inmigrante comienza mucho antes de que el Parque de las Naciones
abra sus puertas. Mientras los visitantes recorren las colectividades, disfrutan de los
espectáculos, conocen las tradiciones y comparten una mesa, detrás de cada jornada existe
un equipo de personas que trabaja durante meses —y en algunos casos durante todo el
año— para que cada edición pueda concretarse.
Son colaboradores que ocupan distintas áreas y que, desde sus responsabilidades
específicas, contribuyen a construir una celebración que para muchos de ellos dejó de ser
simplemente un evento para convertirse en parte de sus propias vidas.
Uno de ellos es Raúl Laporta, responsable del área de Seguridad e Higiene, quien lleva más
de veinte años vinculado a la Fiesta. Su tarea tiene una particularidad: el éxito de su trabajo
muchas veces se mide justamente cuando nadie advierte su presencia.
Su responsabilidad está relacionada con la prevención y la seguridad de los visitantes y de
quienes trabajan en el Parque. Recorre las casas de las colectividades, verifica que los
matafuegos y extintores estén en condiciones, controla las salidas de emergencia y procura
que, ante cualquier eventualidad, estén dadas las condiciones para una evacuación.
También articula con instituciones como Bomberos y Salud Pública, buscando que todos
los sectores involucrados puedan desarrollar su tarea de manera coordinada.
“Yo soy importante cuando paso totalmente desapercibido”, resume Laporta, al explicar
que su mayor logro es que quienes llegan al Parque puedan sentirse seguros y que quienes
trabajan allí puedan desarrollar su actividad sin inconvenientes.
En esa tarea también aparece una dimensión que trasciende los controles técnicos. Laporta
habla de las personas que trabajan detrás de cada colectividad y destaca el esfuerzo de
quienes “ponen el alma” para que la Fiesta pueda desarrollarse.
Para él, la Fiesta Nacional del Inmigrante es también un gran encuentro. Un espacio donde
se cruzan obereños, misioneros, colaboradores y antiguos colegas que llegan desde distintos
puntos de la provincia. “Es la fiesta del encuentro”, sostiene, una definición que también
alcanza a quienes durante meses trabajan para hacerla posible.
Una Fiesta cada vez más accesible
La accesibilidad es una de las áreas que en los últimos años fue incorporando nuevas
propuestas para ampliar la posibilidad de disfrutar del Parque de las Naciones.

Florencia Barbaro forma parte del área de Accesibilidad de la Comisión Organizadora de la
Federación de Colectividades, un espacio que transita su cuarto año de trabajo y que,
edición tras edición, suma nuevas herramientas.
Entre ellas se encuentra el curso de lengua de señas destinado a integrantes de las
colectividades que tienen contacto con el público, la denominada “hora amigable”, pensada
para personas con neurodivergencias o sensibilidad a los sonidos y las luces, y los menús en
braille disponibles en las colectividades.
Este año también se incorporaron sillas de ruedas en comodato para facilitar la circulación
de quienes encuentran dificultades para recorrer un espacio tan amplio como el Parque.
“La accesibilidad no es solamente para personas con discapacidad, es para todos, para que
todos podamos disfrutar del mismo espacio”, explica Barbaro.
El trabajo lo realiza junto a Rocío Novak y Julieta Novak, con quienes busca que el Parque
sea cada vez más inclusivo y accesible.
Pero detrás de las propuestas existe también una historia personal. Florencia está vinculada
a la Fiesta desde que tenía tres años, cuando comenzó a bailar. Más adelante integró la
Comisión Juvenil de la Federación de Colectividades y actualmente forma parte de la
Comisión Organizadora.
“Para mí es mi vida prácticamente. Es como mi casa, mi hogar”, expresa.
Por eso, la semana de la Fiesta representa para ella “la mejor semana del año” y una
oportunidad para seguir aportando, desde su lugar, a una celebración con la que creció.
Ese trabajo tampoco comienza cuando llega septiembre. El área de Accesibilidad empieza a
prepararse varios meses antes. En abril, aproximadamente, comienza la planificación y
durante mayo y junio se desarrolla el curso de lengua de señas, como parte de un proceso
que busca que la Fiesta sea accesible antes de que llegue el momento de recibir a los
visitantes.
Cuando el escenario también requiere meses de trabajo
La programación artística es otra de las áreas que comienza a trabajar mucho antes de la
apertura de la Fiesta.
Hugo Viera, responsable del área de Espectáculos, explica que la organización de la grilla
comienza entre febrero y marzo, cuando empiezan a llegar las solicitudes de grupos de
distintos puntos del país que buscan un espacio para presentarse.
La tarea no consiste solamente en ordenar los espectáculos. Una de las decisiones más
complejas es seleccionar qué grupos formarán parte de una programación que debe

distribuir los espacios disponibles entre los escenarios mayor y alternativo, además de
contemplar a los invitados.
Con dieciséis grupos de baile y una cantidad limitada de espacios, cada elección implica
analizar trayectoria, repercusión, cantidad de integrantes y participación previa en la Fiesta.
Pero también existe el desafío de innovar y ofrecer al público nuevas propuestas.
“Queremos innovar, traer algún grupo nuevo”, explica Viera, al señalar que la intención es
evitar repetir permanentemente las mismas propuestas y permitir que los espectadores
conozcan distintas maneras de interpretar las expresiones artísticas.
Para Viera, ese trabajo forma parte de una trayectoria de cuatro décadas. Comenzó a
participar de la Fiesta hace 41 años y lleva aproximadamente 40 como director.
Cuando se le pregunta qué significa para él la Fiesta del Inmigrante, la respuesta es breve y
contundente: “La Fiesta es una forma de vida”.
El sentimiento que permanece
Hay quienes llevan décadas formando parte de la Fiesta y para quienes el paso de los años
no disminuyó el vínculo, sino que lo transformó.
María Alejandra Martins está vinculada a la Fiesta desde 1987 y desde hace 17 años se
desempeña como secretaria de la Federación de Colectividades. Su recorrido también
comenzó dentro de una colectividad: actualmente es miembro de la Comisión Directiva y
prosecretaria de la Colectividad Rusa, además de integrar el ballet Metelitza.
A lo largo de los años, pasó por distintos espacios y encontró en el contacto con las nuevas
generaciones otra manera de continuar transmitiendo aquello que recibió de quienes la
precedieron.
Recuerda que su propio camino estuvo acompañado por personas mayores que le enseñaron
y la guiaron, y que hoy procura transmitir ese sentimiento de pertenencia a los más jóvenes.
Para ella, el ballet ya no representa solamente la exigencia de que cada movimiento salga
perfectamente. Después de tantos años, se transformó fundamentalmente en disfrute.
“Hoy el ballet para mí es un disfrute”, expresa.
Ese sentimiento se extiende a toda la Fiesta. Cuando intenta explicar qué significa para ella,
reconoce que resulta difícil traducirlo en palabras. La define como parte de su vida, su
familia y su historia, pero sobre todo como una construcción de vínculos.
“Para mí son personas”, sostiene.

Son las amistades, las risas, los momentos difíciles, el reencuentro de quienes durante el
año no se ven y vuelven a encontrarse durante la Fiesta. Son vínculos que se mantienen a
pesar del paso del tiempo y de las diferencias.
Martins habla también de una pasión difícil de explicar para quienes observan la Fiesta
desde afuera. Una pasión que, según describe, “traspasa barreras” y que permite
comprender por qué tantas personas dedican tiempo, esfuerzo y hasta resignan momentos
junto a sus familias y amistades para estar en el Parque.
Porque, al mismo tiempo, la Fiesta también construye nuevas familias y amistades.
“Eso es muy fuerte”, reconoce.
Y allí aparece quizás una de las claves para entender por qué una celebración que nació de
la necesidad de reunir y preservar las tradiciones de distintas comunidades continúa
movilizando a generaciones enteras.
La Fiesta Nacional del Inmigrante no se sostiene únicamente sobre sus escenarios, sus casas
típicas, su gastronomía o sus actividades. Se sostiene sobre las personas que, desde cada
área, trabajan para que todo suceda.
Algunos controlan que una salida de emergencia esté disponible. Otros preparan
herramientas para que una persona sorda pueda comunicarse, facilitan la circulación de
alguien que necesita una silla de ruedas o deciden qué grupos ocuparán un escenario.
Tareas diferentes, responsabilidades diferentes, pero un mismo vínculo con la Fiesta.
Para quienes están detrás de cada edición, el trabajo no termina cuando se apagan las luces.
Queda la satisfacción de haber contribuido, una vez más, a ese encuentro que esperan
durante todo el año.
Para muchos la Fiesta es parte de su vida. Allí crecieron sus hijos, construyeron amistades,
recibieron enseñanzas y encontraron una pertenencia que se mantiene más allá de cada
edición.
Porque para quienes hacen posible la Fiesta Nacional del Inmigrante, este tiempo no es
solamente una semana en el calendario. Es el momento en que vuelve a encontrarse una
comunidad que durante todo el año trabaja, espera y se prepara para celebrar aquello que
siente como propio.


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